Tal día como hoy de hace 125 años comenzaba Ricardo Codorníu su primera expedición a Sierra Espuña para conocerla y planificar su repoblación forestal. Escrito de su propio puño y letra en 1917 el relato comenzaba así:

“En la mañana del 18 de Marzo del año de gracia 1889, un hombre más cercano á los cuarenta que á los cincuenta años, con la cabeza entrecana y barba larga y aún rojiza, jinete sobre una yegua murciana… marchaba guiado por un guarda, práctico en la sierra. Salían de Totana, de la que un día fue arrabal de Aledo… Dirigióse la comitiva hacia la rambla de Lébor… y entonces trataba de cruzar la sierra de Espuña.”

Y el relato proseguía: “Se detuvo en la Ermita de la Santa, donde almorzó, vió pocos rodales de pinos y enormes rasos, recogió plantas y minerales, atravesó los Colorados, casi en absoluto desprovistos de tapiz vegetal, de los que años después dijo un cursi que allí “la naturaleza protesta airada de que se planten pinos”, cuando de lo que protesta en Espuña y en todas las montañas es de que se corten, y su protesta reviste la forma de inundaciones”.

Con este espíritu prosiguió su periplo por el barranco de En Medio y La Carrasca hasta que al día siguiente, San José, consiguiera alcanzar la cumbre de Espuña, la que hoy conocemos también como Morrón de Totana. Fue allí, a casi 1.584 metros de altitud y con todo nevado, donde ese maravilloso explorador de sierra Espuña se planteó “si conseguiría repoblarla con mis compañeros D. José Musso y D. Juan Angel de Madariaga”.

Y bien que lo consiguieron. No en vano, hoy disfrutamos de los frutos de aquella primera visita de hace ahora 125 años y de los posteriores esfuerzos de un montón de ingenieros, capataces, guardas forestales y obreros de toda procedencia para hacer posible la restauración ambiental de sierra Espuña. Un legado de un valor incalculable.